
Un padre que se contemplaba a su hija sumida en llanto por la muerte de su esposo, le aconsejó. -Hija mía, ya lloraste lo suficiente a tu difunto; habiendo vivos no debes pensar en los muertos. Mas no te exijo que cambies de pronto tu vestido de luto por el velo de la desposada. Tal vez algún día escuches la propuesta de nueva boda. - ¡Ah! -exclamó la joven viuda - ¡Un claustro es el único esposo que me conviene! -Bien - respondió el padre -, sea como sea como dices. Durante el primer mes la viuda se dedicó a evocar la memoria de su fallecido marido. Al segundo mes pensó que ya podría engalanarse un poco. Cuanto terminó el tercer mes olvidó sus penas, oyendo las adulaciones de una corte de admiradores.
Lo pasado, sea olvidado,
y lo futuro recordado.
Fabulas de Esopo.