
Una zorra se introdujo sigilosamente en un rebaño de corderos y, aparentando amor maternal, acercó a su pecho a un corderino recién nacido, simulando acariciarlo. Uno de los perros que cuidaba los borregos, viendo a la indeseable en actitud tan extraña, se acercó rápidamente y la interrogó de esa manera: - ¡Qué hace aquí, doña Zorra, la embustera? - Halago y juego con este corderino, amigo mío. - ¡Pues suéltalo de inmediato, si no deseas conocer el halago de mis dientes!, le advirtió el perro.
Cara de beato uñas de gato.
Fabulas de Esopo.