
Al hundirse una nave con todos sus pasajeros, un hombre, que presenció el naufragio desde la orilla, dijo para sí: - ¡Qué injusto castigo manda el cielo, pues, por sancionar a un pescador, hace perecer a numerosos inocentes! Mientras así pensaba, una hormiga le picó en la pierna y él, para vengarse de ella, exterminó a todas las demás que por allí había. Al poco rato se le presentó un ángel y, tocándole el hombro, le interrogó de esta manera: - ¿Aceptarás, ahora, que el cielo juzgue a los hombres como tú a las hormigas?
Adora a la providencia
que cuida de tu existencia.
Fabulas de Esopo.