
Un labrador cansado de haber removido la tierra durante el día, se sentó debajo de un robusto nogal. Desde su refrescante refugio – pues estaba ardiente el estilo, miraba agradecido el bien con el que la generosa tierra premiaba sus penosas actividades de labriego. Entre los frutos de su diligente cultivo, contemplaba satisfecho sus enormes sandias y deliciosos melones, esparcidos por el próvido suelo. ¿Por qué la providencia – se dijo – puso las pequeñas nueces en tan elevado sitio? ¿No sería mejor que, trocando el destino, pendiesen de las ramas del nogal sandias y melones, y de las enredaderas de las nueces? De súbito, cayó del árbol una nuez y le pegó fuertemente en las narices. - ¡Pardiez! - grito el hombre ¿Si en vez de nuez, un enorme melón hubiera sido? …
Dios hizo todas las cosas
con peso, sabiduría y mesura.
Fabulas de Esopo.